¿QUÉ ES LA TÉCNICA ALEXANDER?

Los seres humanos, como resultado de nuestra evolución permanente, tenemos una capacidad increíble para hacer las cosas de manera sencilla, flexible, con poder, con expresividad. Estamos preparados para desarrollar tareas muy complicadas físicamente (manipulación, coordinación, fuerza, equilibrio…) y también estamos provistos de intelecto, de una capacidad para razonar que nos permite movernos y acomodarnos en el mundo social que nos rodea; de una capacidad para sentir.
Tenemos por lo tanto una capacidad natural para el bienestar psíquico y físico; para lo que se conoce como la salud integral del ser humano.
Sin embargo, con demasiada frecuencia y sin saberlo, cambiamos esta tendencia natural en nuestras actividades diarias. Aquello que podríamos hacer con gracia, sin esfuerzo aparente y fruto de la propia energía, acabamos haciéndolo con una carga excesiva de tensión, o bien, realizando un gran esfuerzo contra la pereza. De alguna manera rompemos el equilibrio.
Tenemos gran parte de responsabilidad sobre nuestra salud. De hecho, existen factores que influyen en nuestro estado físico y mental que están bajo nuestro control. Siempre podemos aprender a hacer un mejor uso de nuestras capacidades.

El conjunto de tensiones excesivas que acumulamos –por diferentes causas- se convierte en nuestra aparente organización neuromuscular y actúa automáticamente como patrón, como hábito inherente a nosotros. Estos hábitos determinan cómo reaccionamos ante las exigencias de la vida y pueden interferir con nuestra salud, con nuestro potencial.

Como cualquier tipo de hábitos, a medida que los vamos practicando, los vamos fijando. El resultado es un cambio en nuestra manera de actuar y de movernos hasta tal punto inconsciente o desconocida, que aquellos nos parecen correctos y necesarios.

Afortunadamente para nosotros, del mismo modo que hemos sido capaces de aprender estos hábitos también somos capaces de desaprenderlos.

 

LA FUERZA DEL HÁBITO
La Técnica Alexander
nos permite hacer un mejor uso de nuestras capacidades de forma sistemática y práctica. El profesor ayuda al alumno a ser más consciente de sí mismo. Aprendemos gradualmente a reconocer y promover la relación cuerpo-mente, también definida por Alexander como unidad psicofísica. Apreciaremos mejor el papel que juegan la actitud y la predisposición mental en nuestra condición física, y aprendemos a desarrollar una organización neuromuscular más eficiente.