FUNDAMENTOS DE LA TÉCNICA ALEXANDER

EL USO DE UNO MISMO
De todos sus razonamientos, podemos concluir que nuestras opciones referentes a lo que hacemos con nosotros mismos determinan en gran medida la calidad de nuestra vida. Estaremos de acuerdo en que la eficacia de una herramienta depende de cómo la usemos.

¿Qué significa hacer buen uso de nosotros mismos?
Probablemente procurar ser capaces de vivir tan sanos y felices como podamos, y esto lo conseguiremos si respetamos al máximo el funcionamiento natural de nuestro organismo psicofísico. Si somos conscientes de lo que hacemos, y lo que pensamos.

Haremos a continuación una breve descripción –simplificada y a grandes rasgos- de lo que podríamos denominar nuestra herramienta como seres humanos: nuestro cuerpo. Nos referiremos a la organización funcional de los elementos principales.

Para empezar, los músculos del cuerpo no deberían ser vistos como tiras separadas que conectan huesos entre sí, sino más bien como una única malla elástica que viste todo el esqueleto. Este vestido elástico tiene dos funciones: nos permite movernos e interactuar con el entorno, y ayuda a mantener todas las partes del cuerpo en buena correlación entre sí. En la base de estas dos funciones está la necesidad de cooperar con la gravedad, de mantener el precario equilibrio cuando estamos de pie.

A fin de moverse eficientemente en un campo gravitatorio como es nuestro planeta,  el ser humano  –en su evolución hasta ponerse derecho- ha ido desarrollando una serie de mecanismos anti-gravitatorios. Alexander descubrió a través de la observación práctica –no teóricamente- que el movimiento primario (opuesto a la gravedad) puede ser ayudado considerablemente. Esto se consigue inhibiendo conscientemente los patrones de tensión que interfieren con él y desarrollando el deseo consciente de optimizar el funcionamiento de los mecanismos anti-gravitatorios. El deseo, el querer que suceda, puede influir positivamente en la adecuada actividad muscular.

El deseo se traduce en un mensaje del sistema nervioso que realiza la función de dar instrucciones a la musculatura. El cerebro se comunica con los músculos enviando y recogiendo información a través de los nervios.

Cuando respetamos esta coordinación natural –cuando mantenemos este deseo- todas las partes del conjunto muscular elástico están alargadas y tonificadas facilitando el movimiento y la coordinación. Alexander describió esta situación como crecer en estatura o bien ir hacia arriba. Esto a la vez, proporcionaba un medio ambiente interior ideal para la respiración, la digestión y la circulación sanguínea.

Finalmente podríamos preguntarnos: ¿y quién da las órdenes al cerebro? La respuesta es evidente: yo, uno mismo.

Los conceptos mentales que tenemos sobre nuestros actos son los que, en definitiva, ordenan una organización u otra de nuestra unidad psicofísica. Y los conceptos se pueden cambiar. Ello nos devuelve a nosotros mismos la capacidad de gobernarnos como individuos, la libertad de opción, la posibilidad de aprender y de cambiar.

CONTROL PRIMARIO
Una vez hemos visto el funcionamiento natural, podríamos suponer que todos los seres humanos disfrutamos de él sin ninguna dificultad, pero no es así. Tal como hemos dicho antes, la mayoría de nosotros interferimos de una u otra manera. Parece que el mismo patrón de conducta que Alexander descubrió en él es prácticamente universal entre los seres humanos: la tensión excesiva que comienza en el cuello, continúa con un acortamiento y una contracción general. El tono muscular de todo el cuerpo resulta alterado, afectando a la alineación normal del esqueleto y por tanto al soporte de los órganos internos.

Alexander basó su trabajo en esta relación a la que llamó Control Primario: una relación apropiada entre la cabeza el cuello y la espalda la cual estimula una apropiada relación del conjunto y permite que se pueda producir el movimiento primario de estar de pie en contra de la gravedad.

INHIBICIÓN Y DIRECCIÓN
Hasta ahora hemos hablado del buen uso, pero no de cómo conseguirlo. En este punto conviene dejar claro que la Técnica Alexander no es una terapia, o un tipo de manipulación. Es educación. Se trata de aprender a escoger conscientemente nuestra propia organización.

Lo que pretendemos es romper la fuerza del hábito. Cambiar las costumbres que hemos ido aprendiendo y que a copia de repetición, han creado en nosotros una predisposición a reaccionar de una manera determinada frente a una situación dada. Por lo tanto, es esta repetición la primera que queremos detener. Es decir: recibir un impulso y rehusar responder de la manera acostumbrada (automática) crea las condiciones adecuadas para que pueda darse el cambio.

Primero hemos de evitar que el sistema neuromuscular continúe enviando mensajes por caminos erróneos, antes de que podamos enviar los correctos. Alexander utilizó la palabra inhibición en el contexto de la neurofisiología: frenar la respuesta automática y habitual a un estímulo – el acortamiento producido por la tensión,- dándonos la libertad de escoger una respuesta adecuada – el alargamiento que produce el destensar.

Una vez que ya hemos inhibido mentalmente las respuestas automáticas de mal uso; una vez que hemos decidido no tensar ni hacer presión hacia adentro, entonces podemos dirigir el sistema neuromuscular para que se alargue, se ensanche y se expanda de forma que los mecanismos posturales nos proporcionen la fuerza natural hacia arriba en respuesta a la gravedad. Dirección es un proceso de pensamiento dirigido o intención de proyección de órdenes a todo el sistema como unidad, que organiza las condiciones para un buen uso.